Después de bastantes años, ( por supuesto no los suficientes ) tengo que afrontar el momento mas duro de mi vida como cofrade, y ese no es otro que el despedirme de un estilo de vida, de una forma de entender la semana santa como solo en Sevilla se entiende. Atrás quedan “igualas”, ensayos y una multitud de momentos de gloria vividos debajo de un paso, con una legión de hombres, que me demostraron lo que es ser cristiano y el profundo e inigualable significado de la palabra HERMANDAD. Paco tiene sin duda una dura tarea por delante para encontrar a alguien que ocupe mi lugar, y no por el ínfimo tamaño que pudiera yo ocupar, sino por el tamaño de los corazones de mis hermanos de trabajadera , Fernando, Gregorio, Carlos, Jose Luis, Cristobal, Canto, Patilla, Alejandro, José María... a todos muchas gracias por acogerme y tratarme como lo habéis hecho y ahora, por fin, por delante tengo la maravillosa tarea de enseñar a mi hijo las glorias de un costal , una faja y unas zapatillas racheando y la suerte de poder llevarle a la casa de un amigo llamado Jesús que siempre me recibe con las manos abiertas, su dulce cara y una túnica blanca e inmaculada en la humilde morada de su madre Rocio en la sevillana calle Santiago. Ha sido un honor estar a vuestro lado en los buenos y malos momentos, Pablo, Macaco, "Cabeza", Sergio, Jairo, Conde, Pepito, Manu, Tomi, Agu, y a todos los demás Pretorianos... hasta siempre.
Paco Palacios
Paco Palacios










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